
Guanajuato mantiene bajo vigilancia al menos siete clínicas que ofrecen sueros vitaminados, en un contexto nacional marcado por muertes reportadas en Sonora. La atención pública se disparó después de que en Hermosillo se vincularan varios casos graves y ocho defunciones con este tipo de procedimientos intravenosos. En el estado, las autoridades sanitarias aclararon que esos establecimientos cuentan con avisos de funcionamiento, pero siguen sujetos a revisiones periódicas. La precisión es importante porque existir administrativamente no equivale a demostrar seguridad clínica plena. En salud, la delgada línea entre servicio permitido y práctica riesgosa suele pasar por la supervisión real. Las revisiones buscan confirmar que haya un médico responsable, productos con registro sanitario y valoración previa del paciente antes de cualquier aplicación. La propia autoridad estatal reportó que un establecimiento en León fue suspendido mientras solventa observaciones. Ese dato muestra que el problema no es teórico y que la regulación necesita pasar del papel al piso. Además, los especialistas han insistido en que no existe una infusión genérica buena para todos. La vía intravenosa salta barreras naturales del cuerpo y, por eso mismo, exige mayor rigor.
El negocio de la sueroterapia creció al vender promesas amplias: aliviar la cruda, bajar el estrés, aumentar energía, fortalecer defensas o incluso mejorar rendimiento físico. Sin embargo, infectólogos y autoridades sanitarias subrayan que la evidencia médica que respalde muchos de esos beneficios es débil o inexistente. También advierten riesgos de infección, reacciones adversas y sobrecargas en personas con hipertensión, diabetes o problemas renales. Cuando la publicidad vende bienestar instantáneo, el paciente puede subestimar que está recibiendo sustancias directo a la vena. Ese desbalance entre mercadotecnia y prudencia clínica es precisamente lo que hoy está bajo escrutinio.
La vigilancia de Guanajuato llega en un momento oportuno, pero no debería quedarse en inspecciones aisladas. Hace falta información clara para la población, criterios homogéneos de supervisión y una comunicación pública que no normalice tratamientos sin sustento. La prevención también pasa por enseñar que no todo lo que parece moderno o premium es médicamente necesario. En salud, innovar no consiste en multiplicar procedimientos llamativos, sino en garantizar prácticas seguras y basadas en evidencia. La mejor defensa del paciente sigue siendo una regulación que no llegue tarde.
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Fuente: AGENCIAS Y REDACCION











