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El Gobierno federal presentó una ruta de transformación para que, a partir de enero de 2027, las personas puedan atenderse en el hospital público más cercano a su domicilio sin importar su institución de afiliación. La propuesta apunta a romper una de las barreras más frecuentes del sistema: la fragmentación entre IMSS, ISSSTE, IMSS-Bienestar y otras redes públicas. La idea es que una urgencia deje de depender del carnet correcto y se resuelva con base en cercanía, capacidad y continuidad del tratamiento. Si ese rediseño se concreta, millones de personas tendrían menos traslados, menos vueltas administrativas y mayor posibilidad de resolver una crisis médica sin perder tiempo en trámites. En un país donde la distancia y la burocracia suelen convertirse en costos ocultos, la promesa tiene un impacto social amplio. El nuevo modelo arrancaría con un proceso nacional de credencialización durante 2026. Esa identificación única permitiría acceder a servicios médicos en cualquier institución pública y también funcionaría para trámites oficiales y privados, así como para registros de programas sociales. De manera gradual, sustituiría los carnets separados que hoy obligan a las personas a demostrar afiliaciones distintas según la ventanilla. La credencial, por sí sola, no resolverá el rezago hospitalario ni la falta de personal, pero sí puede simplificar el contacto entre ciudadanía e instituciones. El valor práctico de esa medida dependerá de que el sistema de datos funcione bien, esté protegido y reduzca duplicidades en vez de crear nuevas capas de confusión.
La primera fase contempla atención universal en urgencias y permanencia del paciente en el mismo hospital hasta concluir el tratamiento, sin rechazos por razones administrativas. También prevé atención oportuna para embarazos de alto riesgo, infartos, eventos cerebrovasculares y una red más coordinada para tratamientos complejos como cáncer, VIH, diálisis o trasplantes. En la segunda mitad de 2027 se planea intercambiar servicios especializados entre instituciones, incluidos laboratorios, radioterapia, tomografías y resonancias. Para 2028, la meta es avanzar hacia surtimiento universal de recetas, referencias de especialidad y seguimiento abierto de enfermedades crónicas. El reto, desde luego, será convertir esa hoja de ruta en capacidad operativa sostenida y verificable en clínicas y hospitales.
La estrategia incluye una aplicación móvil con credencial digital, verificación de derechos, localización de unidades, agenda de citas y expediente clínico electrónico. Además, incorporaría orientación médica apoyada con inteligencia artificial y teleconsultas para regiones de difícil acceso. Ese componente tecnológico abre oportunidades reales para acortar tiempos y ordenar expedientes, pero también obliga a discutir privacidad, calidad de datos y sesgos en sistemas automatizados. Bien utilizada, la IA puede ayudar a triage, seguimiento y acceso en zonas apartadas; mal implementada, solo trasladaría los viejos cuellos de botella a una pantalla. La clave será que la innovación sirva para acercar derechos, no para reemplazar la responsabilidad humana de cuidar y decidir con criterio clínico.
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Fuente: AGENCIAS Y REDACCION











