
En el corazón de Irapuato, el puesto de raspados El Chino mantiene actividad pese a la caída de ventas. Olegario Ibarra Escobar y Rosa María Balandrán se instalan en la plazuela Miguel Hidalgo desde antes del mediodía. Acomodan jarabes, hielo y vasos para atender a clientes que pasan por el Centro Histórico. El negocio opera en ese punto desde hace una década. La historia muestra cómo el comercio tradicional sostiene parte de la vida cotidiana.
Olegario relató que comenzó a trabajar desde los 12 años por enseñanza familiar. Antes de dedicarse a los raspados, vendió tortas y otros alimentos. También vivió dos décadas en Estados Unidos, donde trabajó y ahorró para construir su casa. Al regresar a Irapuato, retomó el comercio informal como forma de sustento. Su experiencia refleja trayectorias de esfuerzo, migración y economía popular.
El calor intenso ya no garantiza buenas ventas para este tipo de negocios. Hay días en que apenas logran reunir lo necesario, según contó el comerciante. Aun así, la constancia y la ubicación ayudan a mantener clientes habituales. Estos oficios dependen del flujo peatonal, del clima y del poder de compra familiar. Cuando baja el consumo, el impacto se siente de inmediato en ingresos diarios.
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Fuente: AGENCIAS Y REDACCION











