
El proyecto Olinia entró a abril con una hoja de ruta más definida y con la ambición de convertirse en una alternativa mexicana de movilidad eléctrica urbana. Su coordinador, Roberto Capuano, plantea que el vehículo puede sustituir parte del parque de taxis y mototaxis en distintas regiones del país. La apuesta conecta política industrial, transición energética y necesidades concretas de transporte. No se trata de un auto para todos los segmentos, sino de una solución focalizada para trayectos cortos y operación intensiva. El objetivo es urbano.
En un mercado dominado por marcas extranjeras, el proyecto busca abrir un espacio propio. El diseño contempla usos viables en zonas del oriente del Valle de México, así como en estados como Oaxaca, Chiapas y Puebla, donde el mototaxi y el taxi subcompacto cubren buena parte de la movilidad cotidiana. Olinia prevé además una mini pick-up para una segunda fase y un tercer modelo hacia 2029. La apuesta es gradual. La escala importa.
El plan combina inversión pública para investigación con capital privado para manufactura y marca. Capuano estima que se requerirán 200 millones de dólares en los primeros cuatro años de operación. Ese tamaño de apuesta revela que el proyecto ya piensa en escala y no sólo en prototipo. La ruta ya está trazada. El mercado la observará.
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Fuente: Reuters











