
La Red por los Derechos de la Infancia en México advirtió un panorama todavía crítico para niñas, niños y adolescentes en el país. Su balance más reciente colocó a los delitos sexuales y a la violencia familiar como los rubros de mayor incidencia. En el periodo revisado se documentaron 4 mil 990 víctimas de delitos sexuales y 4 mil 806 víctimas de violencia familiar. Aunque algunas variables mostraron bajas frente a mediciones previas, la organización subrayó que eso no vuelve aceptable la magnitud del problema. El reporte volvió a poner la violencia contra la infancia en el centro de una discusión que con frecuencia pierde visibilidad. Uno de los datos más duros fue que 86.4 por ciento de las víctimas de delitos sexuales fueron mujeres. En violencia familiar, 63 por ciento de las víctimas correspondió a niñas y niños de entre cero y 12 años. Es decir, la mayor carga recae sobre población muy joven y en muchos casos dentro del propio entorno doméstico. Esa combinación complica la denuncia, retrasa la atención y deja secuelas más prolongadas. También revela que la protección a la infancia no puede depender solo de reacciones tardías.
El informe añadió que se registraron 86 homicidios dolosos, con más de 80 por ciento de las víctimas en el grupo de 13 a 17 años. A ello se sumaron nueve feminicidios, 46 casos de trata de personas, 29 de pornografía infantil y dos secuestros. La organización destacó que los datos obligan a leer la violencia contra la niñez como un fenómeno múltiple y no como hechos aislados. Cada cifra representa fallas en prevención, atención institucional y acceso a justicia. También confirma que la adolescencia se ha convertido en una etapa de alto riesgo en distintos territorios.
El llamado de REDIM apunta a una estrategia integral que articule escuela, salud, fiscalías, policía y protección social. No basta con castigar después si antes no se detecta el riesgo ni se protege a tiempo a las víctimas. México necesita sistemas más ágiles para identificar patrones, intervenir temprano y acompañar procesos de reparación. La discusión también exige presupuestos consistentes y personal especializado, porque la infancia no puede seguir siendo atendida con estructuras improvisadas. Lo que está en juego no es una estadística más, sino la posibilidad de crecer sin miedo dentro del propio país.
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Fuente: AGENCIAS Y REDACCION











