
La nueva versión incorpora servicios, contratación pública, comercio digital, inversión y productos agroalimentarios. La firma ocurre durante la primera cumbre bilateral en más de una década. El mensaje político es que ambas partes quieren diversificar mercados en un entorno global más incierto. El acuerdo llega después de un periodo de tensiones comerciales provocadas por nuevos aranceles en Estados Unidos. México enfrenta presión sobre sectores como automotriz, acero y aluminio.
La Unión Europea también ha buscado protegerse frente a medidas comerciales estadounidenses. En ese contexto, el pacto con México se lee como una vía para abrir nuevos espacios de intercambio. La expectativa mexicana es elevar exportaciones hacia Europa en los próximos años. La actualización comercial puede beneficiar a empresas mexicanas si se traduce en acceso real a nuevos compradores. Sin embargo, competir en Europa exige estándares, certificaciones, logística y trazabilidad.
Sectores agroalimentarios, industriales y de servicios digitales podrían encontrar oportunidades si se preparan con tiempo. También habrá retos para pequeñas y medianas empresas que requieren financiamiento y acompañamiento técnico. La diversificación comercial funciona mejor cuando llega a más regiones y no solo a grandes corporativos. La tecnología será una pieza importante porque el acuerdo incluye comercio digital e inversión. México necesita mejorar aduanas, certificaciones electrónicas y protección de datos para aprovecharlo.
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Fuente: Reuters Y REDACCION











