
El gobierno mexicano quiere llegar a un acuerdo preliminar con Estados Unidos sobre acero, aluminio y automóviles antes de que concluya la revisión del T-MEC. La intención no es menor, porque esos sectores forman parte del corazón exportador del país y concentran empleo, proveeduría y capacidad industrial en varias regiones. La visita del representante comercial estadounidense, Jamieson Greer, confirmó que la relación comercial atraviesa una fase de ajuste fino, no de calma automática. México busca blindar los rubros que más pesan en su intercambio con el mercado norteamericano. Ese movimiento refleja que la revisión del tratado ya dejó de ser un asunto lejano y se volvió una negociación inmediata.
La presidenta Claudia Sheinbaum expresó con claridad que a México le interesan especialmente esos tres sectores y que espera un entendimiento previo. Detrás de esa postura hay una lógica defensiva y otra proactiva. La defensiva consiste en reducir incertidumbre para industrias que dependen del acceso estable al mercado estadounidense. La proactiva apunta a llegar mejor parado a una revisión donde Washington ya dejó ver que quiere apretar reglas de origen. En términos simples, México intenta evitar que la discusión formal comience con demasiados frentes abiertos al mismo tiempo. La preocupación mexicana tiene base material. El país exporta a Estados Unidos vehículos, autopartes, maquinaria y equipo mecánico en volúmenes decisivos para su crecimiento industrial. Hasta ahora, el T-MEC ha permitido que buena parte de ese flujo quede relativamente protegida frente a tarifas más agresivas. Pero el margen puede estrecharse si la parte estadounidense insiste en mecanismos más rigurosos para impedir que mercancías, sobre todo vinculadas a China, entren por México con trato preferencial. La discusión no solo trata de comercio, sino de la nueva geopolítica productiva de América del Norte.
Para México, alcanzar un acuerdo temprano sería útil por varias razones. Daría certidumbre a empresas, permitiría planear producción con menos ruido y ofrecería una señal de estabilidad en un año donde la economía ya enfrenta desaceleración y presiones inflacionarias. También ayudaría a separar los temas industriales de otras tensiones bilaterales que suelen contaminar el diálogo, como migración o seguridad. La revisión del tratado no será sencilla, pero llegar con avances parciales puede cambiar el tono de la negociación. En este momento, más que grandes discursos, la economía mexicana necesita precisión y capacidad de cierre.
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Fuente: Reuters y Redacción











