
México y Estados Unidos aceleraron negociaciones para intentar alcanzar un acuerdo comercial bilateral antes de las elecciones legislativas estadounidenses del 3 de noviembre. Las conversaciones buscan un entendimiento provisional mientras persiste incertidumbre sobre la relación comercial de América del Norte. No existe una fecha límite formal para cerrar el diálogo. Ambos gobiernos consideran útil avanzar durante las próximas semanas. El resultado puede influir en empresas, inversión y cadenas productivas.
Entre los puntos delicados están los aranceles aplicados al acero, aluminio, automóviles y autopartes mexicanas. El acero y el aluminio enfrentan gravámenes de 50 por ciento en Estados Unidos. Los vehículos mexicanos están sujetos a una tasa de 25 por ciento. Washington también presiona por mayor contenido estadounidense en vehículos. Otro tema sensible es el escrutinio a inversiones de origen chino.
La negociación importa porque más de 80 por ciento de las exportaciones mexicanas se dirige al mercado estadounidense. Cualquier alivio o endurecimiento puede modificar costos para plantas automotrices, proveedores y logística. Regiones manufactureras como el Bajío podrían resentir cambios en reglas y aranceles. El siguiente punto será conocer qué compromisos asumiría México. El acuerdo tendrá efectos directos sobre empleo, precios industriales y competitividad.
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Fuente: Reuters y Redacción











