
La informalidad laboral alcanzó a 34.1 millones de personas en México durante julio de 2026. La tasa llegó a 56.2 por ciento de la población ocupada. El nivel quedó apenas por encima del 56.1 por ciento observado un año antes. El dato confirma que más de la mitad de quienes trabajan siguen fuera de esquemas plenamente formales. Para los hogares, esta condición implica menor protección ante enfermedades, despidos o cambios de ingreso.
Una investigación presentada en El Colegio de México señaló que el salario no es el único factor para aceptar empleo. También influyen la estabilidad, la duración de la jornada, los traslados y el acceso a seguridad social. Las mujeres enfrentan presión adicional por tareas de cuidado dentro del hogar. Por eso pueden requerir condiciones más compatibles para aceptar jornadas completas. El estudio también estimó informalidad dentro de empresas formales en jornadas menores a tiempo completo.
El reto público consiste en crear empleos formales que no solo paguen más, sino que funcionen para la vida diaria. La movilidad, los horarios y las responsabilidades familiares pesan en la decisión de permanecer o cambiar de trabajo. Para empresas y gobierno, mejorar estas condiciones puede elevar productividad y permanencia laboral. La informalidad seguirá siendo un indicador clave de poder adquisitivo y seguridad social. Su evolución mostrará si el mercado laboral logra ofrecer estabilidad real a más familias mexicanas.
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Fuente: EFE y Redacción











