
Don Rufino mantiene viva la tradición del atole blanco en el Pueblito de Rocha, en Guanajuato capital. Todos los días recorre calles con su carrito y termos de atole caliente. Su rutina inicia antes del amanecer para preparar el producto. Acude al molino para moler el maíz y después termina la preparación en casa. Alrededor de las ocho de la mañana sale a vender.
El vendedor lleva aproximadamente 10 años ofreciendo atole artesanal en esa zona. Sus clientes lo buscan a pie, en motocicleta o desde sus automóviles. Algunos llevan vasos y otros jarras para compartir en familia. Don Rufino vende atole blanco y champurrado a precios accesibles. En varias ciudades, estas bebidas artesanales han perdido presencia frente a productos industrializados.
La historia de Don Rufino muestra la permanencia de oficios y sabores locales. Su jornada combina esfuerzo físico, preparación artesanal y trato directo con vecinos. El Pueblito de Rocha conserva con él una práctica cotidiana de identidad. Las tradiciones gastronómicas sobreviven cuando hay personas que las practican todos los días. Guanajuato capital mantiene en sus calles una parte de su memoria culinaria.
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Fuente: Medios locales











