
Don Ramón, organillero de 81 años, mantiene viva una tradición musical en Irapuato. Su historia fue destacada este 1 de junio dentro de la cobertura local. El oficio del organillero forma parte de la memoria sonora de plazas, calles y mercados. A pesar del paso del tiempo, continúa compartiendo música con transeúntes. Su presencia recuerda una forma de trabajo urbano cada vez menos común.
El organillo requiere práctica, paciencia y contacto directo con la gente. En muchas ciudades, este oficio ha disminuido por cambios en consumo cultural y uso del espacio público. Aun asÃ, algunas personas lo conservan como tradición familiar o laboral. Acompaña recorridos, activa recuerdos y da identidad a ciertos espacios urbanos. También forma parte de economÃas informales que sostienen a personas mayores.
La permanencia de estos oficios depende de tolerancia, seguridad y reconocimiento comunitario. Irapuato conserva expresiones culturales que no siempre se observan en grandes eventos. La historia de un organillero permite mirar la ciudad desde sus personajes tradicionales. La preservación cultural no solo ocurre en museos, sino también en la calle. Don Ramón mantiene viva una parte sonora de la memoria local.
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Fuente: AGENCIAS










