
El municipio de Celaya alista un plan piloto para retomar la separación de residuos orgánicos e inorgánicos, un programa suspendido desde 2020 durante la contingencia sanitaria. La estrategia comenzará en tres rutas de recolección y funcionará como prueba para valorar una expansión posterior al resto de la ciudad. La decisión fue respaldada en comisión y se plantea como un primer paso para reconstruir una práctica que quedó detenida por años. Más que un cambio menor en la basura doméstica, la medida toca hábitos urbanos, capacidad operativa y presión sobre el relleno sanitario. Su éxito dependerá tanto de logística municipal como de participación vecinal.
Las rutas anunciadas abarcan colonias y zonas con perfiles distintos, lo que permitirá medir respuesta ciudadana, tiempos de recolección y necesidades de ajuste. Separar residuos no solo sirve para ordenar desechos, sino para recuperar materiales, reducir volumen de disposición final y facilitar aprovechamiento orgánico. Cuando estos programas funcionan, disminuyen costos ambientales y abren oportunidades de reciclaje más eficiente. Cuando fracasan, suele deberse a una mezcla de mala comunicación, insuficiencia de equipo y falta de continuidad institucional. Celaya carga justamente con ese antecedente: una buena intención que se detuvo y no volvió a arrancar durante seis años.
El relanzamiento tiene valor porque atiende un servicio público concreto sin caer en anuncios grandilocuentes. También porque reconoce algo básico: una ciudad no mejora solo con obras grandes, sino con sistemas cotidianos que sí cambian la calidad urbana. La separación requiere camiones, calendarios claros, supervisión y una campaña pedagógica constante. Para Celaya, esta puede ser una oportunidad de reconstruir confianza en una política sencilla, pero útil. Si el piloto demuestra resultados, la ciudad podría reducir presión sobre disposición final y ordenar mejor el manejo de residuos.
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Fuente: Medios locales











