
Celaya decidió ampliar sus operativos antialcohol después de un atropellamiento fatal que volvió a encender la discusión sobre conducción en estado de ebriedad. El caso más reciente involucró a una joven que, según lo informado por autoridades viales, se pasó una luz roja y presentaba olor a alcohol. El hecho ocurrió el domingo, poco antes de las once de la noche, en el cruce de Luis Cortázar con bulevar Adolfo López Mateos. La víctima fue un repartidor de Didi que murió en el lugar después de ser arrastrado varios metros. La gravedad del episodio forzó una respuesta pública más visible por parte del municipio.
El director de Tránsito y Policía Vial confirmó que los dispositivos, que hoy operan viernes y sábado, también se extenderán a los domingos. La medida busca cubrir un hueco evidente en los horarios de mayor riesgo, justo cuando terminan reuniones sociales y aumenta la circulación de conductores alcoholizados. Autoridades detallaron que actualmente se montan cuatro puntos el viernes y cuatro el sábado, y que ahora se evaluará un despliegue similar para domingo. También se informó que en promedio se levantan quince multas semanales por manejar ebrio o con aliento alcohólico. Es una cifra que muestra que el problema no es excepcional, sino constante.
Las sanciones vigentes son altas, pero el caso demuestra que la multa por sí sola no siempre previene tragedias. Conducir en estado de ebriedad implica no solo irresponsabilidad individual, sino una falla colectiva de control y prevención. La autoridad explicó además que manejar con aliento alcohólico y manejar ebrio tienen umbrales y sanciones distintas, pero ambos escenarios representan un riesgo real en vía pública. En ciudades con siniestralidad alta, el control debe ser sostenido y no episódico. Esperar al siguiente accidente para reaccionar es exactamente lo que se necesita evitar.
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Fuente: AGENCIAS Y REDACCION











