
Celaya abrió la convocatoria 2026 de su Concurso Nacional de Cartonería, Judas y Alebrijes, una iniciativa que busca fortalecer el arte popular y dar visibilidad a una tradición con fuerte arraigo artesanal. El anuncio confirma que la ciudad mantiene una agenda cultural activa en un terreno que combina oficio, identidad y creación contemporánea. Lo relevante es que el certamen dejó de ser un evento estrictamente local y ganó alcance nacional en años recientes. Esa evolución amplía la circulación de piezas, técnicas y estilos entre estados y comunidades. También posiciona a Celaya como un punto de encuentro para creadores que trabajan con papel, engrudo, pigmento y formas imaginarias. Las categorías convocadas incluyen alebrijes, judas, mojigangas, figuras tradicionales y diseño libre, lo que permite participación amplia de trayectorias distintas. Los organizadores prevén recibir trabajos del 28 al 30 de mayo y montar la exhibición en la Galería Salvador Zúñiga. La premiación quedó programada para el 6 de junio en la Casa de la Cultura, con montos que van de tres mil a siete mil pesos según categoría. Más allá del premio económico, la exposición funciona como escaparate para creadores jóvenes y artesanos con larga experiencia. En 2025 el concurso reunió más de noventa piezas procedentes de varios estados, una señal de crecimiento sostenido.
La cartonería ocupa un lugar singular dentro del arte popular mexicano porque convierte materiales accesibles en objetos festivos, críticos o fantásticos. Los judas mantienen una relación histórica con rituales públicos y sátira social, mientras los alebrijes abren un campo de imaginación que ya forma parte del repertorio visual mexicano. La permanencia de estos oficios depende no solo de talento individual, sino de espacios donde se enseñen, exhiban y valoren. Un concurso bien organizado ayuda a dar continuidad a esa cadena. También permite que nuevas generaciones conozcan técnicas que podrían perderse si quedan fuera de la conversación cultural cotidiana.
Para Celaya, una agenda como esta aporta una narrativa distinta sobre la ciudad. La política cultural no resuelve por sí sola los problemas urbanos, pero sí construye comunidad, identidad y oportunidades de participación pública. Un certamen nacional atrae visitantes, activa recintos y ofrece reconocimiento a manos que sostienen parte del patrimonio popular. Además, muestra que la cultura puede organizarse con criterios claros, calendario definido y vocación formativa. En un entorno donde a menudo dominan las urgencias, apostar por el arte popular es también una manera de defender continuidad, memoria y espacio público.
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Fuente: Medios locales











