
Las protestas de productores y transportistas colocaron de nuevo al campo mexicano en el centro del debate público. El problema ya no se resume a una mala temporada, sino a una presión acumulada sobre la rentabilidad. Esta semana se mezclaron bloqueos carreteros, mesas de negociación y reclamos por mayores apoyos. El telón de fondo es un encarecimiento persistente de fletes, seguros, fertilizantes y diésel. A eso se añaden restricciones de financiamiento y un entorno de seguridad que sigue deteriorándose. México mantiene una trayectoria de crecimiento agrícola, pero los datos muestran fragilidad en cultivos clave. El Índice de Volumen Físico Agropecuario reportó un avance moderado de 1.8% en 2025. Ese aumento, sin embargo, no ha bastado para contener la caída en márgenes ni la presión sobre ingresos. Organizaciones del sector advirtieron que los bajos precios, el tipo de cambio y el mayor costo de insumos están descapitalizando a los productores. La lectura del momento es clara: producir un poco más no significa necesariamente ganar mejor.
Entre las exigencias del sector aparecen precios de garantía más amplios, restricciones a importaciones y la eliminación del IEPS al diésel. También se reclama mayor vigilancia en carreteras y acciones contra las extorsiones. El tema no es menor en un país donde una parte importante de la logística alimentaria depende del autotransporte. La discusión alcanzó incluso al TMEC, aunque especialistas advirtieron que salir del capítulo de granos encarecería materias primas para la agroindustria. La tensión, por tanto, no solo es productiva, sino también comercial y de seguridad alimentaria.
Los bloqueos fueron levantados tras 24 horas, pero el conflicto quedó abierto a una nueva negociación con dependencias federales. El dato que más inquieta es la limitada capacidad del sector para absorber riesgos, pues una minoría accede a crédito y seguros. Cuando suben los costos y al mismo tiempo falla la protección financiera, cada cosecha se vuelve una apuesta más incierta. Para los consumidores, esto puede traducirse en disrupciones logísticas y presiones adicionales sobre los precios de los alimentos. Para el gobierno, el reto inmediato es pasar del diálogo coyuntural a una política más estable de comercialización, seguridad y productividad.
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Fuente: Agencias











