
En Valle de Santiago, autoridades admitieron que la lengua otomí ya no se habla localmente. La pérdida se registró en San José de Araceo y San Jerónimo de Araceo. Ante esa ausencia, el municipio propuso una encuesta para conocer si existe interés comunitario. El plan contempla talleres culturales con apoyo de un maestro especializado. La noticia combina una pérdida profunda con una posibilidad real de reconstrucción.
El diagnóstico parte de un hecho duro: ya no hay hablantes registrados. Esa realidad hace más difícil cualquier intento serio de rescate lingüístico. Sin embargo, consultar primero a la comunidad evita imponer una política sin respaldo social. Recuperar una lengua exige voluntad colectiva, acompañamiento pedagógico y continuidad. Una sola actividad no revierte décadas de desplazamiento cultural.
La propuesta puede ganar fuerza si se integra a otras acciones sociales en la zona. La cultura necesita recursos institucionales, pero también arraigo vecinal sostenido. Recuperar el otomí supondría abrir tiempo y formación para nuevas generaciones. También implicaría reconocer que la pérdida no fue accidental, sino resultado de exclusión prolongada. Si la consulta prospera, Valle de Santiago podría iniciar una experiencia valiosa de reparación cultural.
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Fuente: AGENCIAS Y REDACCION











