
Un ataque de pandillas en Kenscoff, comunidad cercana a Puerto Príncipe, dejó 47 personas muertas y más de 50 secuestradas. La ofensiva comenzó la noche del domingo y provocó nuevas críticas contra la respuesta policial. Las autoridades haitianas enfrentan presión para explicar por qué no se logró prevenir una agresión de esa magnitud. El episodio golpeó una zona montañosa que había mostrado cierta reducción de violencia. La situación vuelve a evidenciar la fragilidad institucional del país.
Más de 2 mil 600 personas fueron desplazadas por la violencia, de acuerdo con organismos internacionales. Un líder pandillero amenazó con matar a los rehenes si integrantes de su grupo son abatidos. La policía informó que trabaja para asegurar Kenscoff. Sin embargo, no hizo públicos detalles sobre planes para rescatar a las personas secuestradas. La dirección policial mantiene una investigación sobre posibles fallas por negligencia o complicidad.
La crisis tiene consecuencias humanitarias para familias obligadas a abandonar sus hogares. También limita acceso a servicios, alimentos y actividades económicas en las comunidades afectadas. La prioridad inmediata es proteger a la población civil y localizar con vida a las personas secuestradas. La capacidad institucional será evaluada por la respuesta posterior y por la rendición de cuentas. El caso seguirá bajo atención internacional por la expansión territorial de pandillas en Haití.
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Fuente: Redacción











