
La reapertura del Estadio Banorte quedó marcada por la muerte de un aficionado que cayó desde una zona alta antes del duelo entre México y Portugal. El hecho cambió de inmediato el tono festivo de la jornada. Los reportes iniciales apuntaron a una conducta de riesgo previa a la caída. La noticia ensombreció un día pensado para mostrar la renovación del inmueble. También reabrió preguntas sobre prevención en eventos masivos.
En una sede que se prepara para recibir partidos del Mundial, la seguridad debe abarcar palcos, pasillos y zonas de altura. No basta con reforzar perímetros o accesos. La operación interna exige vigilancia constante y protocolos claros frente al consumo de alcohol. Cada detalle cobra mayor importancia cuando el estadio busca cumplir estándares internacionales. Un caso así no puede quedar reducido a una nota secundaria.
La investigación será clave para establecer responsabilidades y corregir procedimientos. Organizadores y autoridades tendrán que explicar qué falló y cómo evitar otra tragedia. La experiencia de estadio debe ser segura desde el ingreso hasta la salida. A poco más de un año del Mundial, la gestión de riesgos no admite improvisaciones. Lo ocurrido dejó una advertencia seria en la ruta hacia 2026.
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Fuente: Reuters Y REDACCIÓN











