
Los datos de febrero confirmaron que la economía mexicana sigue avanzando con un ritmo más débil del esperado. La actividad apenas creció 0.1 por ciento respecto al mes previo, después de la caída revisada de enero, y quedó lejos de la expansión de 0.5 por ciento que estimaban analistas consultados por Reuters. El resultado sugiere que el arranque de 2026 no ha logrado salir del terreno frágil en el que cerró el año anterior. Aunque no se trata de un desplome, sí es una señal de enfriamiento que obliga a leer con más cuidado el resto del primer semestre. En economía, una secuencia de avances mínimos suele pesar tanto como una mala cifra aislada.
El detalle sectorial también ayuda a entender el momento. Las actividades primarias y los servicios mostraron retrocesos marginales, mientras que el sector secundario, donde se ubican manufactura y construcción, tuvo un mejor comportamiento. Esa combinación revela una economía que todavía encuentra apoyos en su base industrial, pero que no consigue traducirlos en un impulso más amplio. El mercado interno sigue sintiendo el efecto combinado de inflación, incertidumbre comercial y costos financieros todavía relevantes. Cuando los servicios pierden tracción, la señal sobre consumo y empleo suele merecer atención especial. El dato anual refuerza la cautela. En comparación con febrero del año pasado, la actividad económica se contrajo 0.3 por ciento, cuando el mercado esperaba crecimiento. Esa diferencia entre expectativa y realidad no solo afecta el debate técnico, también influye sobre la confianza de empresas y hogares. México llega a este tramo con la presión añadida de la revisión del T-MEC y con un entorno internacional alterado por la guerra en Medio Oriente y el encarecimiento energético. En ese escenario, la economía necesita más motores internos para evitar que la desaceleración se vuelva una tendencia más prolongada.
El reto para el gobierno será administrar este momento sin caer en diagnósticos complacientes. Aún hay margen para que inversión pública, obras estratégicas y exportaciones sostengan parte del crecimiento, pero los datos ya invitan a actuar con realismo. También será importante observar si el Banco de México conserva espacio para seguir relajando su ciclo de tasas sin desanclar expectativas. Una economía que crece menos de lo esperado requiere políticas más finas y mensajes más claros. Febrero deja una advertencia: el año comenzó, pero no con la fuerza que muchos anticipaban.
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Fuente: Reuters Y REDACCION











