
Este 19 de febrero la conversación económica volvió a girar alrededor del T-MEC y la oportunidad del nearshoring. Voces del sector financiero y diplomático han insistido en que México conserva ventajas por ubicación. Red de tratados y capacidad industrial para integrarse a cadenas de suministro de Norteamérica. En un contexto global volátil. Producir cerca del mercado final reduce tiempos, costos y riesgos logísticos, y eso revaloriza a México ante empresas europeas.
El interés externo, sin embargo, no es automático: depende de infraestructura, energía, agua y seguridad jurídica. Por eso, el discurso se acompaña de llamados a acelerar proyectos estratégicos que hagan viable la llegada de nuevas plantas. La competencia regional no perdona demoras. Se destacó que 2026 empieza con señales mixtas: dinamismo en algunos sectores, pero presión en costos y exigencias de cumplimiento. Para bancos y empresas, la confianza se sostiene con reglas claras y capacidad de resolver controversias con rapidez.
En paralelo, se menciona un plan de inversión público-privada que busca empujar infraestructura y sectores prioritarios, donde la energía es un punto crítico. Sin electricidad suficiente y estable, ninguna industria de alto valor se instala. Esto vuelve relevante la modernización de redes, la diversificación de fuentes y la eficiencia energética. La inversión necesita certidumbre operativa, no solo anuncios. También hay un debate de desarrollo regional: si el nearshoring se concentra en pocos polos, se amplían desigualdades y tensiones sociales.
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Fuente: Agencias y redacción










