
La Presidencia reportó una caída marcada en el promedio diario de homicidios a nivel nacional, con cifras preliminares que apuntan a un cierre de 2025 con menos asesinatos que al inicio del sexenio. La comparación central se hizo entre septiembre de 2024 y diciembre de 2025, con un descenso cercano al 40% en el promedio diario. El dato fue presentado como el nivel más bajo desde 2016, con el mensaje de que la tendencia ya es visible. Desde Palacio Nacional se atribuyó el resultado a coordinación entre instituciones de seguridad y procuración de justicia, además del trabajo con gobiernos estatales. Aun así, se recordó que las estadísticas finales suelen ajustarse cuando las consolida el órgano nacional de estadística.
El anuncio también incluyó una lectura anual, con una tasa nacional de homicidios por cada 100 mil habitantes en 2025 que se ubicó por debajo de años recientes. Para las autoridades, ese indicador ayuda a comparar periodos largos y dimensionar el tamaño del problema. La narrativa oficial insistió en que no se trata de “un golpe de suerte”, sino de una política sostenida con metas medibles. En paralelo, el tema reabre el debate sobre qué se considera éxito, si baja el promedio pero persisten focos rojos regionales. Varias voces dentro del propio aparato público han señalado que la medición debe acompañarse de prevención, investigación y atención a víctimas. La exigencia ciudadana, al final, es que la mejora se sienta en colonias y carreteras, no solo en gráficas.
En lo operativo, la discusión se está moviendo hacia capacidades reales para sostener la tendencia sin caer en inercias de siempre. Si baja la violencia, el siguiente paso es blindar el resultado con investigación financiera, análisis de redes y un uso más inteligente de datos para anticipar repuntes. Eso implica invertir en herramientas de reporte, trazabilidad de armas y patrullaje con métricas, pero con controles claros para evitar abusos. También exige fortalecer ministerios públicos y peritajes, porque sin casos bien armados no hay castigo que disuada. La clave es combinar firmeza con respeto a derechos humanos, para que el avance no tenga costos ocultos. La conversación ya no es solo “más despliegue”, sino “mejor inteligencia y mejor justicia”.
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Fuente: Reuters










