
El santuario guadalupano de Guanajuato capital registró desde la tarde del 11 de diciembre un flujo intenso de peregrinos que recorren el antiguo camino minero, en un ambiente de fe, música y comercio local. Calles y templos se llenan de veladoras, flores y antojitos, en una de las celebraciones más arraigadas del estado.
Vecinas y vecinos señalan que la fiesta no solo es religiosa, también es una oportunidad para que pequeños negocios vendan comida, velas y objetos devocionales. Sin embargo, piden mayor orden en estacionamientos, manejo de basura y seguridad en los trayectos nocturnos.
Las peregrinaciones muestran cómo se entrelazan identidad, economía popular y espacio público. Un registro sencillo de rutas, aforos y necesidades de servicios puede ayudar a planear mejor cada año, respetando las tradiciones y reduciendo riesgos, sin convertir la devoción en pretexto para explotación comercial o abandono institucional.
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Fuente: Medios locales










