
Salamanca vive una paradoja difícil de explicar con una sola cifra. Mientras la autoridad municipal asegura que los delitos del fuero común han venido bajando, el aumento de homicidios dolosos en marzo volvió a ensombrecer cualquier lectura positiva. El propio comisario Eduardo Camacho reconoció que, tras un febrero con reducción significativa, en la primera quincena del mes ya se acumulaban más de diez asesinatos. La diferencia entre una estadística y otra refleja el problema de fondo. Se puede avanzar en ciertos delitos y aun así perder la percepción de control. El caso reciente en la periferia del mercado Tomasa Esteves ilustra bien esa contradicción. Según lo informado, un trabajador de una taquería fue atacado por dos hombres en motocicleta que llegaron directamente contra él y abrieron fuego. El comisario vinculó estos hechos a posibles ajustes entre grupos delictivos, aunque evitó especular más allá de eso. También confirmó otros incidentes recientes de privación ilegal y agresiones en distintas colonias. El cuadro general no es de calma, sino de tensión concentrada en delitos de alto impacto. Al mismo tiempo, la autoridad sostiene que los robos con violencia muestran una baja importante entre enero, febrero y lo que va de marzo. Ese dato sugeriría que operativos y coordinación sí están teniendo efecto en algunos frentes. El problema es que esas mejoras quedan opacadas cuando los homicidios regresan al centro del escenario. Salamanca no está inmóvil, pero tampoco puede decir que la reducción en delitos comunes compense el rebrote de violencia letal. Mientras la sangre siga imponiendo el relato principal, la seguridad seguirá viéndose frágil.
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Fuente: AGENCIAS Y REDACCION










