
Productores agrícolas de varios estados iniciaron una “gran caravana de tractores” para expresar su rechazo a la propuesta de nueva Ley de Aguas Nacionales, que consideran les resta voz en la gestión del recurso y abre la puerta a concentrar concesiones en menos manos. Desde Zacatecas hasta otras entidades, las movilizaciones han buscado llamar la atención sobre el abandono al campo, la caída de precios por importaciones y la falta de apoyos para pequeños productores.
Ante los bloqueos parciales de autopistas, la Secretaría de Gobernación llamó a los manifestantes a mantener el libre tránsito y evitar afectar servicios esenciales, reiterando que hay disposición al diálogo. El mensaje oficial insiste en que cualquier reforma debe discutirse con base en mesas técnicas y no solo en protestas carreteras, mientras campesinos señalan que históricamente las grandes negociaciones se han hecho sin su presencia en la mesa.
El fondo de la disputa es político y social. El agua y la seguridad alimentaria son temas estratégicos, y la forma en que se reparten los costos de la crisis hídrica marcará el futuro del campo mexicano. Un enfoque progresista implica proteger a quienes producen alimentos para el país, garantizar la participación comunitaria en la toma de decisiones y evitar que el peso de los ajustes caiga solo en las comunidades rurales mientras los grandes usuarios mantienen privilegios.
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Fuente: La Jornada / Ochocolumnas











