
En León, un artesano mantiene viva la técnica del popotillo. Su trabajo llama la atención por el detalle y el tiempo que requiere. La técnica se asocia a raíces antiguas y a piezas minuciosas. El objetivo es que no se pierda entre productos rápidos. La historia pone foco en cultura local y oficio heredado.
El proceso parte de materiales vegetales y selección paciente. Luego viene el armado por capas para formar imágenes y figuras. El trabajo requiere práctica constante y buena vista. También requiere espacios de venta dignos para sostener ingresos. Sin mercados y ferias, el oficio se vuelve frágil.
La permanencia del popotillo también depende de formación. Si no hay aprendices, la técnica se apaga con una generación. Por eso es clave sumar talleres y exhibiciones en escuelas y centros culturales. El turismo puede ayudar si compra con valor justo. El reto es evitar que la cultura se reduzca a souvenir barato. Apoyar oficios locales también es política pública. Conviene abrir espacios, mejorar difusión y crear rutas de comercio justo. Plataformas digitales pueden amplificar ventas sin intermediarios abusivos. La cultura se conserva mejor cuando da ingreso real. León puede convertir tradición en orgullo económico, con reglas claras y apoyo continuo.
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Fuente: AGENCIAS










