
En Celaya volvió el tema de la pirotecnia ofrecida en cruceros y semáforos, una práctica que se intensifica en vísperas de Año Nuevo. La alerta principal es doble: el riesgo de lesiones por manejo inadecuado y el peligro de accidentes por compras rápidas en carril de circulación. Además, muchas veces la venta ocurre sin condiciones mínimas de seguridad.
El problema no es “tradición” contra “prohibición”, sino prevención real. La pirotecnia mal almacenada o transportada puede detonar por fricción, calor o golpes, y el daño a manos, ojos y oídos suele ser irreversible. También hay un riesgo social: menores involucrados en venta o compra, expuestos a explotación y accidentes.
La salida más sensata que está implementando el municipio es reforzar inspecciones, decomisos focalizados y campañas que informen sin exagerar. Si se quiere celebrar, hay opciones más seguras, y cuando se usa pirotecnia, debe ser en condiciones controladas. La responsabilidad también es de quienes compran: lo barato puede salir carísimo.
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Fuente: Medios locales.










