
El estrecho de Ormuz dejó de ser solo un punto estratégico del mapa y volvió a convertirse en termómetro del poder internacional. Estados Unidos pidió a sus aliados ayuda para escoltar buques en plena escalada con Irán. Sin embargo, la respuesta fue mucho menos obediente de lo que Washington esperaba. Japón y Australia, por ejemplo, dejaron claro que no enviarán buques de guerra a esa misión.
El rechazo importa porque exhibe una coalición occidental menos automática que en otros momentos. La Unión Europea discutió cómo mantener abierta la ruta energética, pero con claras reticencias a ampliar misiones navales. El mensaje fue simple: existe preocupación por el petróleo y el comercio, pero no entusiasmo por militarizar todavía más la región. Eso deja a Washington con presión creciente, aunque sin el respaldo total que buscaba.
El mercado reaccionó de inmediato a esa incertidumbre. El Brent llegó a superar los 105 dólares y luego se mantuvo por encima de los 102, todavía en niveles altos por la tensión derivada del cierre de Ormuz. Para México y para el Bajío industrial, el episodio importa aunque ocurra a miles de kilómetros. Un petróleo más caro presiona transporte, fertilizantes e insumos productivos, y recuerda que ni siquiera entre aliados existe hoy una disposición plena a seguir el paso de Estados Unidos.
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Fuente: EFE Y REDACCION










