
Tras las celebraciones, se reportó un repunte notable en generación de residuos y desperdicio de alimentos en México. El problema no solo es estético, también presiona recolección, rellenos sanitarios y manejo de orgánicos. Expertos han insistido en que planear porciones y separar residuos reduce el impacto.
El desperdicio alimentario también tiene costo climático, porque implica emisiones asociadas a producción, transporte y desecho. En hogares, suele aumentar por compras impulsivas, platillos duplicados y mala conservación. Donar a tiempo, congelar porciones y priorizar recalentado seguro son acciones simples que ayudan.
El reto de fondo es cultura de consumo y capacidad municipal de gestión de basura, especialmente en picos. Políticas de separación, compostaje y educación comunitaria suelen dar resultados cuando se sostienen, no solo en temporada. La Navidad puede ser buen momento para medir, corregir y planear mejor el siguiente ciclo.
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Fuente: EFE










