
México se está consolidando como uno de los países clave para la instalación de centros de datos de grandes compañías tecnológicas, con proyectos multimillonarios en estados como Querétaro y planes de expansión hacia otras regiones. Empresas globales y firmas regionales han anunciado inversiones que podrían sumar hasta 18,000 millones de dólares hacia 2030, impulsadas por el nearshoring y el auge de la inteligencia artificial. Sin embargo, especialistas advierten que este crecimiento enfrenta un cuello de botella: la falta de infraestructura eléctrica suficiente y la necesidad de mano de obra altamente calificada.
La Asociación Mexicana de Data Centers estima que el país necesitará multiplicar varias veces su capacidad eléctrica para abastecer a esta industria en los próximos años. Actualmente, la generación y transmisión dependen en buena medida de la Comisión Federal de Electricidad, que arrastra rezagos de inversión y cuellos de botella en algunas regiones. Al mismo tiempo, analistas señalan que buena parte de la nueva demanda de energía se cubre con gas natural y no siempre con renovables, lo que genera tensión entre los objetivos climáticos y la expansión digital.
Defensores del medio ambiente y de un enfoque progresista plantean que el auge de centros de datos debe ir de la mano de una transición energética real, con metas claras de energía solar, eólica y almacenamiento, así como criterios de eficiencia hídrica. También señalan que la soberanía tecnológica solo tiene sentido si respeta la soberanía energética y climática, evitando reproducir modelos de alto consumo y baja responsabilidad. Para ellos, el reto es que México no se convierta en “bodega digital” a costa de comunidades locales y ecosistemas, sino en un ejemplo de innovación alineada con los derechos humanos y la protección ambiental.
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Fuente: EFE, El País y Mexico Business










