
La conversación sobre inteligencia artificial dejó de ser futurista y ya se instaló en la agenda laboral mexicana. Empresas, sindicatos y universidades empiezan a coincidir en un punto, el cambio no será solo técnico, también será social. La automatización tocará tareas administrativas, atención a clientes, análisis básico y parte del trabajo de apoyo en áreas legales, contables y de comunicación, con más velocidad que la formación de nuevas habilidades.
La OIT ha señalado que una parte relevante del empleo está expuesta a transformaciones por IA generativa y que el efecto puede ser mayor en ocupaciones donde trabajan más mujeres, sobre todo en funciones de oficina y servicios. Esto vuelve urgente diseñar planes de capacitación que no repitan desigualdades antiguas bajo herramientas nuevas. También obliga a revisar cómo se evalúa el desempeño y qué obligaciones tendrán las empresas al introducir sistemas automatizados en procesos cotidianos.
Para México, la clave es evitar dos errores, negar el cambio o celebrarlo sin reglas. Un enfoque serio mezcla lineamientos claros para uso de IA en el trabajo, incentivos para reconversión, certificaciones de corta duración y un diálogo que incluya a pymes y a sectores públicos. Si se hace bien, la IA puede elevar productividad sin convertir el progreso en precariedad, y puede abrir nuevas rutas laborales para personas jóvenes que hoy dependen de puestos de entrada que podrían reducirse.
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Fuente: OIT










