
La presión por un nuevo hospital del IMSS en Irapuato volvió a subir con fuerza. La alcaldesa Lorena Alfaro pidió públicamente a la población sumarse a la exigencia hacia la Federación, al sostener que la saturación de las actuales unidades ya no da para más. El mensaje parte de un problema cotidiano: quejas diarias por falta de atención, tiempos de espera y servicios rebasados. La autoridad municipal insiste en que la necesidad no es un capricho político, sino una urgencia de salud para la ciudad y la región. Cuando un gobierno local llama a la ciudadanía a exigir atención médica, el tamaño del rezago ya resulta imposible de esconder.
De acuerdo con lo informado, el municipio ya cumplió con la parte que le correspondía, incluyendo la donación de un predio para el proyecto. El terreno está ubicado cerca del bulevar Gabriel García Márquez, en una zona de crecimiento donde la demanda de servicios médicos seguirá aumentando. La propia alcaldesa sostuvo que el hospital podría atender a más de 500 mil derechohabientes de Irapuato y municipios cercanos. Eso convierte la obra en algo regional y no solo municipal. La falta de arranque, por tanto, ya no es un retraso cualquiera, sino un cuello de botella para una población amplia.
El fondo del reclamo es sencillo de entender. Los municipios no controlan el sistema federal de seguridad social, pero sí reciben de primera mano el malestar de la población cuando la atención falla. En ese sentido, la demanda de Irapuato también expone la tensión entre niveles de gobierno cuando la infraestructura de salud se vuelve insuficiente. La ciudad hizo gestiones, entregó terreno y mantiene presión pública, pero la decisión final no depende de ella. Esa distancia entre necesidad local y resolución federal suele traducirse en frustración ciudadana. Y en temas médicos, esa frustración nunca es abstracta.
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Fuente: «AGENCIAS Y REDACCION»










