
El Gobierno federal pospuso nuevamente la inauguración del tren que conectará Lechería con el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles. Claudia Sheinbaum confirmó que la apertura, prevista inicialmente para el 29 de marzo, podría recorrerse al 6 de abril por pruebas técnicas y de seguridad. El ajuste parece corto sobre el calendario, pero es significativo en términos políticos porque el proyecto ya había sido presentado como una solución próxima para la conectividad del aeropuerto. A casi cuatro años de inaugurado el AIFA, la falta de un transporte masivo plenamente operativo sigue siendo una de sus debilidades más visibles. Cada retraso alarga esa percepción de infraestructura incompleta.
La obra está pensada para enlazar el aeropuerto con la estación de Lechería y, desde ahí, con el sistema del Tren Suburbano que ya opera entre Buenavista y Cuautitlán. Esa conexión es importante porque el éxito de una terminal aérea no depende solo de su pista o su edificio, sino de la facilidad real con la que pasajeros y trabajadores pueden llegar a ella. Sin acceso eficiente, cualquier aeropuerto pierde competitividad y comodidad. El problema es que el discurso oficial prometió esa integración mucho antes de que estuviera verdaderamente lista. El retraso, por tanto, no se mide solo en días, sino en confianza pública desgastada.
Además, el proyecto no está aislado dentro de una sola línea ferroviaria. El plan federal contempla integrarlo a una visión más amplia de control estatal sobre trenes y corredores, incluidos esquemas bajo administración de la Sedena y la empresa estatal ligada al Tren Maya. Eso vuelve al retraso algo más complejo que una simple prueba técnica pendiente. Cada ajuste de calendario alimenta dudas sobre coordinación, tiempos de obra y consistencia operativa en un modelo ferroviario que busca expandirse rápido. Cuando el gobierno apuesta su prestigio a grandes corredores, los detalles logísticos dejan de ser menores. En lo inmediato, la demora parece razonable si se justifica por seguridad y revisión técnica. Nadie espera que una línea ferroviaria se abra sin pruebas suficientes, mucho menos en un trayecto vinculado a un aeropuerto. Pero el problema de fondo es que la obra arrastra una narrativa de promesa anticipada que ya no admite demasiados deslices. El AIFA necesita resultados funcionales y no solo anuncios próximos. Y en infraestructura de transporte, la legitimidad se gana menos con fechas prometidas que con servicio efectivo y constante.
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Fuente: AGENCIAS Y REDACCION










