
Conductores y transportistas advirtieron que la carretera Salamanca–Morelia se ha vuelto un punto crítico por saturación y falta de mantenimiento. El reclamo apunta a baches, señalización insuficiente y un flujo creciente de camiones que reduce márgenes de reacción. En horas pico, los tiempos de traslado se disparan y aumenta el riesgo de choques por frenadas repentinas. La queja no es nueva, pero en las últimas semanas se volvió más insistente por incidentes y cierres parciales. Para quienes trabajan en ruta, cada viaje se convierte en una apuesta.
El problema se agrava cuando el pavimento dañado obliga a invadir carriles o a frenar de golpe. y eso provoca colisiones en cadena. En tramos con poca iluminación, los puntos ciegos se multiplican y el riesgo sube para automovilistas y motociclistas. También impacta a comunidades cercanas, porque ambulancias y servicios tardan más en llegar. Si el transporte de carga se retrasa, se encarecen productos y se afecta a pequeñas empresas que dependen de entregas puntuales.
La carretera no es solo asfalto: es economía cotidiana. Transportistas piden un plan claro de ampliación, bacheo y supervisión, con fechas y responsables visibles. Cuando el mantenimiento se hace a medias, el daño regresa con la primera temporada de lluvias y el gasto se duplica. Además, hace falta coordinación con seguridad vial para prevenir asaltos y atender emergencias con rapidez. En regiones con violencia, las rutas inseguras elevan costos de seguro y reducen inversión.
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Fuente: AGENCIAS Y REDACCION










