
El Banco de México dejó señales de cautela sobre el ritmo de recortes de tasa para 2026, tras publicar minutas de su decisión de diciembre. En esa reunión, la Junta redujo la tasa de referencia a 7.00%, con una votación dividida y un integrante que prefirió no recortar. El documento subraya que, aunque la inflación mostró avances, persisten riesgos que podrían presionar precios en los próximos meses. Entre los factores mencionados aparecen nuevos gravámenes a productos de consumo y cambios arancelarios a importaciones, que pueden trasladarse al bolsillo. El mensaje práctico para mercados y familias es que la ruta de bajas no está garantizada mes a mes. El banco habló, en esencia, de “esperar y observar” antes de acelerar nuevos recortes.
Un punto que llamó la atención fue el peso que se dio a impuestos específicos y a medidas comerciales. Se mencionaron gravámenes a refrescos, cigarros y también a ciertos productos vinculados al entretenimiento digital, además de aranceles elevados a importaciones asiáticas. En las minutas se reconoce que esas medidas pueden generar efectos de segunda vuelta si empresas y comercios ajustan precios. La preocupación se amplifica con el aumento del salario mínimo, porque el alza de costos puede empujar precios en sectores con márgenes estrechos. A la vez, se admitió que la economía luce débil y que una moneda fuerte ha ayudado a contener parte de las presiones. El dilema está servido: apoyar actividad sin reavivar inflación.
Para consumidores, el tema se traduce en dos pistas: tasas y precios. Si Banxico se frena, el crédito puede tardar más en abaratarse, y eso impacta hipotecas, tarjetas y financiamiento empresarial. Si los nuevos impuestos y aranceles se filtran a precios, la presión se nota en compras cotidianas, desde bebidas hasta artículos importados. En ese escenario, el banco suele priorizar anclar expectativas, aunque eso implique un costo de corto plazo. Por eso el énfasis en seguir datos, no discursos, y revisar inflación subyacente con lupa. También se vuelve relevante la coordinación fiscal y comercial, porque decisiones de impuestos o aranceles cambian el tablero monetario. Lo que parecía una autopista de recortes puede volverse un camino con curvas.
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Fuente: Reuters










