
Productores de agave en Guanajuato enfrentan un escenario complicado por sobreproducción. El exceso de planta ha empujado a la baja los precios y ha dejado huertas sin atención. Cuando se abandona el cultivo, aparecen plagas que se expanden rápido. En la zona de Cuerámaro se alertó por el avance del picudo como amenaza directa. El problema no es solo agrícola, también económico para familias y comunidades.
La caída de precios cambia incentivos y empuja a dejar de invertir en cuidado. Eso abre la puerta a enfermedades y pérdida de calidad. Con menos ingresos, se reduce capacidad de control y manejo técnico. El ciclo se vuelve peor, baja precio, baja cuidado, sube plaga. Productores piden apoyos suficientes y estrategias para no perder años de trabajo. También se busca capacitación para diversificar usos del agave. El cultivo no puede depender de un solo mercado.
El agave es parte de cadenas productivas que mueven empleo y comercio regional. Cuando el campo se cae, se resiente en transporte, mano de obra y pequeños negocios. La sobreproducción también plantea preguntas sobre planeación y seguimiento de siembras. Sin información y acompañamiento, se repiten burbujas agrícolas. Los municipios necesitan datos y asesoría para prevenir colapsos. No basta con sembrar más, hay que vender mejor. Y hay que proteger el suelo y el agua. La salida pasa por diversificación, valor agregado y organización. Programas de manejo y control de plagas deben llegar a tiempo, no cuando el daño es total. También hace falta transparencia en apoyos y acceso sin intermediarios abusivos. El campo requiere tecnología útil, como monitoreo de plagas y asesoría técnica en sitio, sin desplazar saber local. Guanajuato tiene capacidad productiva, pero necesita estrategia. Si no se corrige el rumbo, la crisis se vuelve permanente.
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Fuente: AGENCIAS Y REDACCION










