
La agencia calificadora S&P ajustó la perspectiva crediticia de México a negativa. Manteniendo por ahora la calificación soberana. El cambio refleja preocupaciones sobre el ritmo de consolidación fiscal. Y sobre un crecimiento económico que se percibe débil. En el análisis, también pesa la rigidez del gasto público.
Y la carga financiera asociada a empresas estatales estratégicas. La señal enviada a inversionistas no es un castigo inmediato, pero sí un llamado de atención. En términos simples, el país tiene menos margen para absorber choques sin que suba el costo de la deuda. Entre los factores observados se encuentra la trayectoria del déficit público y la presión por intereses. La agencia proyectó un déficit general cercano a 4.8% del PIB en 2026.
En parte por un entorno económico suave y por medidas para estabilizar precios de combustibles. La combinación de gasto rígido y crecimiento limitado reduce flexibilidad presupuestal. A esto se suman desafíos en Pemex y CFE, que influyen en la percepción de riesgo fiscal. En mercados, ese tipo de lectura suele traducirse en mayores exigencias de transparencia. Y de disciplina financiera.
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Fuente: Reuters Y REDACCION











