Lenguas originarias ganan espacio en la infancia

Abr 20, 2026 | 0 Comentarios


El concurso Guardianes de la Palabra y la Historia volvió visible un tema que muchas veces se trata como herencia lejana, cuando en realidad sigue siendo presente vivo en Guanajuato. Niñas y niños de primaria participaron con cuentos escritos en su lengua materna y en español, en una iniciativa que une educación, cultura e identidad. El gesto tiene un valor pedagógico claro, pero también un valor político y social. Una lengua que entra al aula, al concurso y al libro deja de ser invisible en el espacio público. Esa presencia ayuda a frenar discriminación y a reconocer diversidad real dentro del estado.

La estrategia se desarrolló en el marco de la Semana Estatal de la Lengua Materna, impulsada para fortalecer el uso de lenguas indígenas en Guanajuato. En la entidad siguen presentes expresiones como el Hñöhñö y el Úza’, reconocidas como patrimonio vivo y como derechos humanos colectivos. Esa definición no es un mero adorno jurídico. Implica que proteger una lengua también significa proteger memoria, comunidad y libre determinación. Cuando la infancia participa en ese proceso, la política pública deja de ser discurso abstracto y se vuelve experiencia concreta. El hecho de que los cuentos ganadores y las menciones honoríficas vayan a integrarse en un libro también importa. Convertir esos textos en una publicación da continuidad al esfuerzo y ofrece una señal de reconocimiento duradero. Además, permite que otras escuelas y familias vean que su lengua puede ser leída, celebrada y compartida. La interculturalidad funciona mejor cuando se apoya en materiales, prácticas y reconocimiento público, no solo en conmemoraciones. En ese sentido, el concurso abre una vía útil para fortalecer autoestima, pertenencia y aprendizaje.

Guanajuato tiene la oportunidad de ampliar este tipo de ejercicios con más formación docente, materiales bilingües y difusión comunitaria sostenida. El reto es evitar que la visibilidad dure solo lo que dura una ceremonia de premiación. Preservar lenguas originarias exige continuidad institucional y diálogo con las comunidades que las sostienen. También supone entender que la diversidad lingüística no compite con la modernidad, sino que la enriquece. Cuando el Estado protege esa pluralidad desde la infancia, fortalece derechos, cultura y cohesión social al mismo tiempo.

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Fuente: Secretaría de Derechos Humanos de Guanajuato

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