
El Gobierno federal y empresas del sector alimentario acordaron mantener en 910 pesos el precio de los 24 productos del Paquete Contra la Inflación y la Carestía. La decisión busca contener la presión que los hogares han resentido en alimentos de consumo cotidiano durante las últimas semanas. El acuerdo se produce en un momento en que la inflación anual volvió a ubicarse en 4.6 por ciento durante marzo. Por eso, el objetivo inmediato es dar una referencia clara a las familias que comparan precios en autoservicios y mercados. La medida también intenta evitar que nuevas alzas en perecederos se trasladen sin freno al consumo diario.
Uno de los puntos más sensibles es el jitomate, cuyo precio superó recientemente los 60 pesos por kilo en algunos mercados. Las mesas de trabajo anunciadas por autoridades y comercializadores buscan precisamente moderar ese tipo de distorsiones en productos muy presentes en la mesa mexicana. También se planteó estabilizar el precio de la tortilla, cuyo promedio nacional ronda los 24.2 pesos por kilo. El valor político del acuerdo radica en que no se limita a un anuncio general, sino que compromete a cadenas y productores en una ruta concreta. Aun así, la eficacia real dependerá de la vigilancia y de la continuidad de los compromisos en la distribución. La Profeco tendrá un papel relevante porque seguirá revisando los precios de los 24 productos incluidos en la canasta del Pacic. Además, se contempla señalizar en tiendas de autoservicio cuáles son esos artículos para facilitar la comparación y la compra informada. Ese detalle es importante, porque muchas veces el consumidor conoce el programa, pero no identifica con claridad qué bienes forman parte del paquete acordado. La estrategia también incorpora mejoras logísticas para reducir presiones que vienen del traslado y del abasto. En un país con fuertes contrastes regionales, la logística puede ser tan importante como el precio de origen.
La noticia tiene fondo social y no solo económico. Cuando suben tomate, tortilla, papa o cebolla, el impacto se concentra en los hogares que destinan una mayor proporción de su ingreso a la alimentación. Mantener una referencia de precio ayuda, pero no sustituye la necesidad de corregir fallas de oferta, intermediación y costos de distribución. México necesita que la política alimentaria sea más predecible, sobre todo en una coyuntura de inflación todavía tensa. Por ahora, el acuerdo envía una señal de contención, aunque el reto verdadero será sostenerla en el anaquel y no solo en el comunicado.
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Fuente: Agencias y Redacción











