
El Colectivo Hasta Encontrarte advirtió un patrón que obliga a mirar con más seriedad la violencia que se esconde detrás de una pantalla. En los últimos cinco años acompañó a veinte familias de niñas y jóvenes de distintos municipios de Guanajuato cuyos casos terminaron vinculados con explotación sexual en otros estados. La ruta de captación, según lo documentado por el colectivo, comienza muchas veces en redes sociales. Los enganchadores usan perfiles falsos, fotografías atractivas y conversaciones aparentemente inofensivas para ganar confianza. El problema permanece subregistrado porque el miedo y el silencio de las familias suelen bloquear la denuncia.
Bibiana Mendoza explicó que no todas las víctimas aparecen en fosas ni en escenarios visibles de violencia extrema. Algunas regresan con vida a sus casas, pero bajo amenazas que las empujan a guardar silencio y a no activar procesos penales. Esa parte menos visible del delito dificulta la acción institucional y también distorsiona la percepción pública. Cuando no hay denuncia, no solo se pierde un caso en la estadística, también se debilita la posibilidad de prevenir el siguiente. Por eso la alerta del colectivo debe leerse como una llamada de atención sobre un fenómeno persistente y poco atendido.
El diagnóstico apunta a una tarea urgente para familias, escuelas y autoridades. Hablar con niñas, niños y adolescentes sobre riesgos digitales ya no puede verse como exageración o moralismo, sino como una medida básica de cuidado. También se requiere que las instituciones entiendan que estas violencias mezclan desaparición, trata, explotación sexual y amenazas posteriores a la localización. Si cada caso se atiende por separado, muchas sobrevivientes quedan atrapadas entre vacíos legales y burocráticos. Un enfoque de infancias, juventudes y género es indispensable para que la respuesta tenga sentido.
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Fuente: AGENCIAS Y REDACCION











