
La Ciudad de México abrió una discusión práctica sobre cómo mover a millones de personas durante el Mundial de 2026 sin paralizar la capital. Clara Brugada convocó al sector privado a construir una alianza de teletrabajo para los días más complejos del torneo. La propuesta parte de una experiencia ya conocida por empresas y oficinas desde la pandemia, pero ahora se plantea con lógica de movilidad urbana. El objetivo es bajar la presión vehicular y mejorar la calidad del aire en una etapa de alta exposición internacional. La medida también busca evitar que el evento deportivo se traduzca en horas perdidas y saturación cotidiana para la población.
La jefa de Gobierno planteó además la posibilidad de suspender clases algunos días del evento para reducir todavía más el tráfico. Esa combinación de home office, ajustes escolares y coordinación pública intenta repartir la carga de movilidad antes de que lleguen los partidos. La idea no se presenta como una solución única, sino como un paquete preventivo de manejo urbano. En una ciudad con corredores ya tensionados por obras, aforos altos y traslados largos, anticiparse puede marcar la diferencia. El reto será convertir una convocatoria política en acuerdos reales con empresas, escuelas y dependencias.
El planteamiento también reabre una conversación importante sobre el trabajo flexible en México. Muchas empresas regresaron por completo a esquemas presenciales aun cuando ciertos puestos podían mantenerse en formatos híbridos. Un evento del tamaño del Mundial obliga a revisar esa rigidez desde una óptica de productividad, salud pública y gestión del espacio urbano. No se trata solo de comodidad para empleados, sino de cómo una metrópoli administra picos extraordinarios de demanda. La experiencia podría incluso dejar aprendizajes permanentes para contingencias futuras o temporadas de alta concentración.
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Fuente: EFE Y REDACCION











