
La tensión en Medio Oriente ya empezó a sentirse en la agenda económica del gobierno mexicano. La presidenta Claudia Sheinbaum sostuvo que la escalada entre Irán, Estados Unidos e Israel tiene efectos directos sobre los mercados energéticos y de fertilizantes. Según lo expuesto en su conferencia, esa región concentra cerca del 20 por ciento de la producción mundial de gas, petróleo y fertilizantes. Las restricciones en el estrecho de Ormuz han presionado el precio internacional del crudo y, por esa vía, las gasolinas y el diésel. El mensaje oficial combinó postura diplomática a favor de la paz con medidas para amortiguar el golpe sobre el consumo interno.
Sheinbaum reiteró que México mantendrá una posición basada en la no intervención, la autodeterminación de los pueblos y la solución pacífica de las controversias. Al mismo tiempo, dejó claro que el conflicto externo no puede convertirse en una excusa para encarecer de forma desproporcionada bienes esenciales. Por eso anunció reuniones con productores, comercializadores y empresarios gasolineros para evitar aumentos en la canasta básica. La idea es cortar espacios a la especulación antes de que se traslade con fuerza al bolsillo de las familias. En el diagnóstico presidencial, el riesgo no es solo geopolítico, también es distributivo y social.
La advertencia fue especialmente dura para estaciones de servicio que venden combustible en niveles que el gobierno considera excesivos. La presidenta señaló que algunas gasolineras han llegado a ofrecer el litro hasta en 30 pesos, pese a acuerdos previos para moderar precios. También respaldó las acciones de Profeco para exhibir públicamente a los expendios con tarifas elevadas. En paralelo, informó que se trabaja en un acuerdo con instituciones bancarias para eliminar comisiones por pagos con tarjeta en gasolineras. La suma de esas medidas busca reducir costos visibles e invisibles en el consumo cotidiano de combustible. El fondo del asunto es que una crisis internacional puede convertirse rápidamente en presión inflacionaria interna si no se toman decisiones oportunas. Cuando suben energéticos y fertilizantes, el impacto no tarda en tocar transporte, alimentos y cadena logística. Por eso el Ejecutivo habló de disciplina presupuestal y de sostener programas sociales sin abrir más frentes de inflación. La apuesta es contener el traslado del conflicto externo hacia la economía familiar mexicana. En un contexto así, la estabilidad depende tanto de la política exterior como de la capacidad de vigilar precios dentro del mercado doméstico.
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Fuente: AGENCIAS Y REDACCIÓN











