
La política exterior mexicana entró en una etapa de relevo luego de que la presidenta Claudia Sheinbaum anunciara la salida de Juan Ramón de la Fuente de la Secretaría de Relaciones Exteriores. El cambio fue presentado como una decisión asociada a motivos de salud, en un mensaje difundido desde la capital del país. Para ocupar el cargo fue propuesto Roberto Velasco, quien hasta ahora se desempeñaba como subsecretario para América del Norte. La designación todavía debe pasar por el Senado, que deberá ratificarla o rechazarla conforme al procedimiento legal. El anuncio colocó a la diplomacia mexicana en el centro de la conversación pública desde el cierre del miércoles y el arranque de este jueves.
La transición no ocurre en un momento menor para el país. Juan Ramón de la Fuente ya había solicitado una licencia médica el año pasado para atenderse quirúrgicamente y, de acuerdo con la información oficial, ahora pidió más tiempo para completar su rehabilitación. Roberto Velasco, por su parte, llega con experiencia directa en la relación con Estados Unidos y Canadá, una de las áreas más sensibles para México. Su trabajo reciente se ha concentrado en la coordinación política y diplomática de la agenda norteamericana. Esa continuidad administrativa es uno de los argumentos con los que el gobierno busca enviar una señal de estabilidad.
El relevo coincide además con la revisión conjunta del tratado comercial entre México, Estados Unidos y Canadá, uno de los procesos más relevantes de este año para la economía regional. La conducción de la cancillería en ese contexto no solo importa por el frente comercial, sino también por la cooperación en migración, seguridad, inversión y protección consular. Por eso el cambio no se lee únicamente como una noticia de gabinete, sino como una decisión que puede influir en varias negociaciones estratégicas. La nueva conducción tendrá que cuidar el tono político con Washington y Ottawa, sin descuidar los intereses nacionales. En ese terreno, la capacidad técnica y la coordinación institucional serán determinantes. En su primer posicionamiento tras la nominación, Velasco planteó una línea de trabajo centrada en la defensa de la soberanía y la protección de las personas mexicanas en el exterior. Esa definición perfila una cancillería enfocada tanto en la representación internacional del Estado como en los asuntos concretos de la comunidad migrante. También abre la puerta a una etapa de continuidad con ajustes de estilo, más que a un viraje brusco de política exterior. El seguimiento del Senado será ahora la siguiente estación formal del proceso. Mientras eso ocurre, el mensaje principal del gobierno es que la política exterior seguirá operando sin interrupciones en uno de los años más delicados del sexenio.
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Fuente: Reuters Y REDACCION











