
El Viacrucis de Irapuato entró en su fase final de preparación con una historia que pone el foco en el trabajo detrás del escenario. Manuel Moreno, encargado de interpretar a Satanás, resumió el reto como la necesidad de dar forma al mal dentro de una representación cuyo centro sigue siendo el sacrificio y la fe. La noticia revela cómo una tradición religiosa también es un ejercicio de comunidad, disciplina y aprendizaje colectivo. En Irapuato, la Semana Santa sigue siendo un espacio de reunión cívica y simbólica, no sólo litúrgica. La escena sigue viva.
Cada personaje carga una función narrativa que el público reconoce y espera. Moreno no llegó a la representación desde el protagonismo, sino desde el apoyo en vestuarios y labores de preparación. Ese dato ayuda a entender por qué muchos de estos montajes sobreviven durante años: se alimentan de relevos internos y de oficios invisibles. La comunidad sostiene el montaje. El oficio cuenta.
El Viacrucis no depende únicamente de quien encabeza la escena de Jesús o María, sino de una red de personas que hace posible cada detalle. La transmisión de saberes ocurre en ensayos, costuras, montajes y recorridos. Por eso la tradición conserva fuerza incluso cuando cambian sus rostros más visibles. La fe también organiza. La tradición resiste.
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Fuente: Medios locales











