LA BURBUJA DE IA YA TIENE QUIEN LE PONGA ALARMA

Mar 21, 2026 | 0 Comentarios


El escritor y analista Cory Doctorow lanzó una advertencia demoledora sobre la inteligencia artificial. En una entrevista publicada este 21 de marzo sostuvo que las empresas emergentes dedicadas a la IA están perdiendo tanto dinero que podrían arrastrar a la economía global hacia una crisis severa. Su frase fue deliberadamente estremecedora y comparó el posible golpe con hacer que 2008 parezca un buen año. La declaración no equivale a un pronóstico oficial, pero sí condensa un malestar creciente frente al entusiasmo casi automático que rodea al sector. En otras palabras, Doctorow quiso pinchar la euforia antes de que siga inflándose sin cuestionamientos.

La relevancia del señalamiento está en el contexto. Durante los últimos años, la inteligencia artificial se convirtió en promesa de productividad, inversión, automatización y ventaja competitiva para prácticamente cualquier industria. Sin embargo, detrás del brillo tecnológico también hay costos gigantescos de infraestructura, consumo energético, entrenamiento de modelos y presión de capital. Doctorow pone el foco en ese lado menos glamuroso del negocio. Lo que vende futuro, dice en el fondo, puede estar quemando dinero a una velocidad que todavía no se dimensiona del todo.

Su argumento conecta con una inquietud cada vez más extendida. Muchas firmas tecnológicas están obligadas a crecer rápido, mostrar avances espectaculares y convencer al mercado de que el retorno llegará pronto. Cuando esa dinámica se sostiene más por expectativa que por resultados sólidos, el riesgo de corrección aumenta. La historia reciente de la economía ya conoce bien estas combinaciones de innovación real y sobrevaloración acelerada. Por eso sus palabras encuentran eco más allá del tono provocador con el que fueron formuladas. La IA seguirá transformando industrias, pero eso no significa que todo modelo de negocio alrededor de ella sea sostenible. Doctorow obliga a mirar la otra cara del fenómeno justo cuando gobiernos y empresas compiten por subirse al tren cuanto antes. El debate no debería cerrarse entre fascinación y rechazo, sino abrirse hacia preguntas sobre rentabilidad, concentración y costo social. La tecnología más influyente del momento también puede incubar sus propias fragilidades. Y quizá el mayor error sería asumir que esta vez la innovación nos volvió inmunes a las burbujas.

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Fuente: EFE Y REDACCION

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