
Google firmó acuerdos con cinco empresas eléctricas de Estados Unidos para reducir el consumo de sus centros de datos en horas críticas. La decisión responde a una realidad cada vez más visible: la inteligencia artificial exige enormes cantidades de electricidad. Bajo estos contratos, la compañía podrá recortar hasta 1 gigavatio de carga cuando crezca el riesgo de apagones. Esa capacidad equivale aproximadamente al consumo de cientos de miles de viviendas. La carrera por la IA ya también se volvió una carrera por la energía.
Durante años, la nube pareció una infraestructura invisible para la mayoría de los usuarios. Hoy esa nube tiene forma de centros de datos, líneas de transmisión y redes sometidas a presión. Mientras la IA se expande, también se estrecha la relación entre tecnología y suministro eléctrico. Google intenta crecer aceptando que en momentos críticos deberá ceder parte de su demanda. La fórmula es pragmática, pero también revela que la red avanza más lento que la ambición digital.
Lo relevante es el cambio de lenguaje que introduce esta noticia. La conversación sobre IA ya no gira solo en torno a modelos, chips o productividad. Ahora también incluye estabilidad del sistema eléctrico y prioridades cuando la energía escasea. Las grandes tecnológicas entran así en un terreno más político y menos glamoroso. La innovación, vista desde esta orilla, depende tanto del algoritmo como del kilovatio.
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Fuente: Reuters











