
San Miguel de Allende volvió a poner sobre la mesa uno de sus pendientes más incómodos en materia de movilidad. El alcalde Mauricio Trejo denunció que la ampliación del libramiento José Manuel Zavala Zavala sigue detenida porque la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes no ha respondido a la solicitud necesaria para avanzar. El municipio sostiene que ya cuenta con el recurso para intervenir el tramo conocido como “El Caracol”, pero la falta de autorización mantiene el proyecto congelado. Lo delicado es que esta obra había sido presentada como un compromiso visible y urgente. A más de un año de la fecha prometida, la ciudadanía sigue viendo lo mismo: anuncios, espera y ninguna maquinaria trabajando. El punto técnico que traba el proyecto es la competencia federal del tramo carretero. Desde inicios de 2025, el gobierno municipal pidió que se le transfiriera o al menos se le permitiera intervenirlo para darle mantenimiento y ampliarlo a cuatro carriles. Hasta ahora, según el alcalde, esa respuesta no ha llegado. La autoridad local incluso aseguró que el dinero ya está disponible y que permanece inmovilizado mientras se destraba el tema administrativo. Esa combinación suele ser la más frustrante para cualquier ciudad: tener urgencia, tener recursos y no poder ejecutar.
El problema va más allá de un desencuentro burocrático. El libramiento es una pieza importante para desahogar tráfico, mejorar circulación y responder al crecimiento urbano y turístico de San Miguel. Cuando una obra así se retrasa, no solo se incumple una promesa de campaña, también se prolongan los costos diarios para quienes usan esa vía. En ciudades de alto dinamismo, la infraestructura que no llega a tiempo termina cobrándose en congestionamiento, desgaste vial y malestar ciudadano. Por eso el tema toca tanto la credibilidad política como la eficiencia del desarrollo urbano.
La lección de fondo es bastante clara. México sigue tropezando con un problema clásico: la falta de sincronía entre niveles de gobierno para resolver proyectos que todos reconocen como necesarios. San Miguel necesita el libramiento, el municipio dice tener con qué y la federación conserva la llave del trámite. Si ese puente no se tiende pronto, el costo seguirá pagándolo la ciudad en tiempo perdido y frustración acumulada. A veces la obra pública no se frena por falta de dinero, sino por exceso de ventanillas sin respuesta.
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Fuente: AGENCIAS Y REDACCION










