
«En la comunidad Sangre de Cristo, en Guanajuato capital, el agua se volvió un gasto extra que no estaba en el presupuesto. Vecinos denunciaron que el organismo operador suspendió el servicio de pipas por una obra de calle inconclusa. La explicación recibida fue que las unidades no pueden entrar hasta que termine la construcción. Mientras tanto, las familias tienen que resolver con pipas particulares que sí llegan, pero cobran más. En una zona donde se vive al día, el costo del agua se convierte en un problema social inmediato. No es solo incomodidad; es salud, higiene y dignidad en juego.
Las cifras del reclamo muestran la presión en una escala que se entiende sin discursos. Se reportó que siete familias quedaron en la misma situación y pagan hasta 35 pesos por un tambo de 200 litros. Ese precio es más del doble de lo que desembolsaban cuando el suministro llegaba por el canal institucional. Aun cuando el consumo se reduce, el gasto no baja porque el mínimo para sobrevivir es innegociable. Además, los vecinos señalan que el contacto con la autoridad se volvió difícil y que las respuestas se diluyen. Cuando el agua falta, la paciencia también se agota rápido.
El conflicto se mezcla con promesas viejas y con obras que avanzan a paso lento. Los habitantes recuerdan un compromiso de años atrás para apoyar la pavimentación con materiales, mientras ellos aportarían mano de obra. Afirman que la entrega de insumos fue parcial y que la obra se detuvo por falta de recursos. El cemento se terminó y el avance sigue lejos de concluir, mientras el problema del acceso al agua se vuelve más agudo. La sensación es de abandono, porque la obra afecta el paso y el servicio se condiciona al final de algo que no termina. En estas disputas, el costo de la demora lo paga el vecino, no el escritorio.»
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Fuente: «AGENCIAS Y REDACCION»










