
En la Feria de León, un espacio de inclusión llamó la atención por su enfoque práctico. Personas con discapacidad visual ofrecen masajes relajantes al público. La actividad se realiza dentro del Stand Inclusivo y busca crear ingresos estables. Quienes participan cuentan con capacitación técnica para brindar el servicio. La respuesta del público ha sido de curiosidad y respeto.
Tres de los prestadores, Lupita, José Luis y Edgar, trabajan directamente con visitantes de la feria. Su preparación fue respaldada por formación especializada, enfocada en habilidades de masoterapia. La dinámica es simple, atención directa y explicación clara de lo que se hará. Para muchos asistentes, la experiencia también cambia prejuicios sobre empleo y discapacidad. El servicio se integra a la oferta general de la feria, no como exhibición, sino como trabajo. Esto fortalece la idea de que la inclusión debe pagarse con oportunidades reales.
El valor social es doble, empleo y sensibilización sin discursos forzados. Cuando el ingreso depende del esfuerzo diario, el entorno necesita accesibilidad y trato justo. También hace falta visibilizar rutas, señalética y apoyos dentro del recinto. La feria puede ser un laboratorio de inclusión si se cuida la operación. En momentos de alta afluencia, el orden y la atención al usuario marcan la diferencia. El resultado se mide en dignidad y continuidad, no en aplausos. Organizadores y autoridades pueden reforzar el modelo con más espacios y difusión responsable.
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Fuente: AGENCIAS Y REDACCIÓN










