
En el templo de San Francisco, en Celaya, cayeron fragmentos del aplanado al interior. Trabajadores señalaron que el deterioro se asocia con humedad acumulada. Mencionaron que la bóveda mostró daños desde hace meses y el problema se ha hecho visible. Indicaron que el desprendimiento ocurrió entre bancas, sin personas en ese momento. Por prevención, el recinto se cerró por algunos días y se acordonó un área.
Durante el cierre, misas y servicios se trasladaron a otro templo cercano. Después de una revisión, el inmueble reabrió al público. Se recordó que se trata de un edificio con más de 400 años de antigüedad. También se mencionó que personal especializado debe determinar cómo y cuándo reparar. La demora en permisos y definiciones mantiene el desgaste como riesgo latente.
Para la comunidad, el templo es fe, historia y espacio cotidiano. Por eso, la prioridad es reparar con seguridad y con criterios técnicos. También conviene proteger a visitantes con señalización y límites de acceso si hay riesgo. Una reparación a tiempo cuesta menos que un cierre prolongado.
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Fuente: AGENCIAS Y REDACCION










