
En la Feria de León, una cobija con diseño de ajolote se convirtió en uno de los artículos más buscados entre los visitantes. La venta la impulsan los “gritones”, comerciantes conocidos por su forma enérgica de ofrecer cobijas, trastes y artículos de cocina. La tradición, según el recuento local, tiene décadas y se ha transmitido como oficio dentro de familias. El fenómeno mezcla consumo, cultura popular y un sello muy propio de las ferias del Bajío. Para muchos asistentes, la compra es recuerdo, abrigo y anécdota.
El relato sobre los gritones destaca que su estilo de venta no es improvisación, se aprende y se hereda. La dinámica atrae a quienes van por curiosidad y terminan comprando por la combinación de humor, rapidez y regateo. En la práctica, esto genera un flujo constante en áreas específicas de venta, con picos en fines de semana y horarios nocturnos. La demanda también se ve empujada por el clima y por la asistencia familiar. El resultado es una pequeña economía dentro de la feria que mueve inventario, empleo temporal y proveedores.
Detrás del entusiasmo, el reto de orden y seguridad es real: pasillos llenos, bolsas, menores de edad y puntos de cobro.
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Fuente: AGENCIAS y redacción










